domingo, 15 de agosto de 2010

EL GRAN JULIO

VINE



Estoy seguro de que soy la reencarnación del gran Julio César. Mi talento, mi fuerza y mi carisma no tienen parangón más que con aquel gran hombre. Los tiempos han cambiado, y uno ya no puede andar por ahí derrocando reinos. Pero aun así, soy un gran conquistador: Julio conquistaba imperios, yo conquisto corazones.
Siempre me han dado risa esos ilusos, esperando horas en la fila, suplicando como plebeyos que se les permita entrar al “Palacio”, mientras que yo sólo tengo que hacer un ademán y, como por arte de magia, la cadena me abre paso.
Este lugar es el más exclusivo de todos y es así sólo porque es mi preferido. La decoración me recuerda a los hermosos palacios romanos. Lamentablemente pocas son las personas que pueden ser dignas de mi grata compañía, sobre todo las mujeres. Todas se desviven por una sola noche conmigo, una sola, pues nadie merece más de mí. Como esta tonta que me está hablando, cree que por haber ganado el concursito de belleza ése ya es digna de acercárseme. La miro con desdén y le digo que está demasiado gorda, eso es suficiente para que se aleje. Mañana aparecerá su rostro en los periódicos con una ridícula nota hablando de su suicidio, y todo por no estar a mi altura.

VI

Esta noche es especial: he visto al fin a una mujer digna de mí. Es simplemente perfecta; además de ser una belleza espectacular, tiene clase. Nunca había visto a una mujer con tanto porte. Vean a todos esos perdedores, detrás de ella como sucios perros, miren cómo los desprecia. ¡Ah! Sé muy bien cómo se siente. Me acerco a ella; en cuanto se percatan de mi presencia, todos huyen. Saben que, si acaso en sus sueños tenían esperanza alguna, yo se las he quitado. Estoy frente a ella, la beso, poso mis manos en sus glúteos, los más perfectos que haya tocado, siento su cuerpo y compruebo que es digno del mío.

VENCÍ

Me ha abofeteado y ha retirado mis manos de su cuerpo. Es la primera vez que alguien se resiste, pero yo soy un guerrero; le regreso el golpe y la beso una vez más, y eso es suficiente. Ahora la llevaré al hotel y así, como siempre, habré venido, visto y vencido. Yo, el gran Julio.

Pobre Julio, tan arrogante. Piensa que me ha conquistado, no se da cuenta que sólo estoy jugando con él.
Ya estamos en el hotel, no cabe duda que yo soy la reencarnación misma de Cleopatra, puedo conquistar a cualquiera, hasta al mismo Julio. Ahora, que me ha traído hasta aquí y se muere por hacerme el amor, ya es demasiado tarde para que huya cuando sepa que, en realidad, me llamo Alfredo.




Este fue publicado en cronicas de la forja Vini, vidi, vinci

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